MEGALITISMO. EL DOLMEN DE LACARA (Badajoz)

    El progresivo asentamiento de grupos humanos con la formación de colonias estables que ocurrió durante el Neolítico, dio lugar al desarrollo de prácticas funerarias caracterizadas por la visibilidad y monumentalidad de sus construcciones dando origen a lo que ha venido en denominarse "magalitismo" o cultura megalítica que, en la Península Ibérica, tiene su aparición en torno al 4.000 a.C. Dada su naturaleza constructiva, sorprende su presencia dándoles un interés particular debido, sobre todo, a su antigüedad.   

    La mayoría de estas construcciones tienen carácter funerario con enterramientos únicos y una tendencia paulatina hacia enterramientos colectivos o sucesivos, sin descartar su posible dedicación a otras funciones de carácter religioso o social. Estos monumentos son de muy diversa factura en cuanto a la forma, estructura y técnicas constructivas. La mayoría emplean grandes piedras dispuestas verticalmente (ortostatos) que delimitan un espacio o cámara rectangular o poligonal aislada (tholos o tumbas circulares), cámaras a la que se accede por un corredor con cubierta adintelada (sepulcros de corredor) o edificaciones aun más complejas a las que se añaden transeptos, plantas y corredores laterales. Aunque se conocen túmulos con cubierta vegetal, en la mayoría de los casos, la cubierta estaba formada por una gran losa dispuesta horizontalmente sobre las piedras de la cámara sepulcral,

    Una buena parte de estas construcciones estuvieron cubiertas por tierra o piedras (túmulos) que ocultaban la construcción excepto la entrada, formando pequeñas colinas tal vez con la idea de poder destacar al ser vistas desde cierta distancia. Debido a la erosión, la tierra y piedras que formaban el túmulo ha quedado reducida casi siempre, a pequeñas elevaciones o montículos en el terreno que se descubren alrededor de la construcción.

    Uno de los problemas que plantea el estudio de estas construcciones es su cronología extendida desde el Neolítico (4.500 a.C.) hasta la Edad del Bronce teniendo en cuenta que se conocen reutilizaciones posteriores que pudieron llegar hasta el Bronce Final (800-700 a.C.). En este período de más de 3.000 años se nota una secuencia de distintas formas de construcción, desde las más sencillas hasta las muy complejas que, desde el punto de vista autóctono, nos evidencia una progresiva complejidad económica y social de comunidades que evolucionaron hacia sistemas económicos más complejos y estables.

    Una de estas construcciones, que visitamos recientemente, es el dolmen de Lácara en la provincia de Badajoz que sobresale por la majestuosidad y grandeza de su construcción que ha perdurado hasta nuestros días. Debió de construirse a finales del Neolítico y comienzos de la Edad del Cobre contando, pues, con una antigüedad de entre 4.000 y 5.000 años. Formaría parte del conjunto de monumentos más antiguos del sureste peninsular (Algarve, Alentejo y Extremadura) en donde los estudios con el carbono-14, dan una antigüedad, para los portugueses, de más de 5.000 años (3.110 a.C.). Se encuentra en el municipio de Mérida junto a la carretera EX-214 que une Aljucén con La Nava de Santiago. El dolmen se construyó en la dehesa del Prado de Lácara donde abundan encinas, alcornoques y pastizales de monte bajo, sobre un terreno granítico rodeado por suelos aluviales del río Lácara, afluente del Guadiana, y sus pequeños arroyos y regatos cercanos.

    Conocido desde la antigüedad, por haber sido utilizado como vivienda y establo de ganado, fue Vicente Barrantes, ensayista, historiador y cronista oficial de Extremadura, quien, en 1875, llamara la atención por primera vez sobre su importancia (1). Posteriormente, el arqueólogo J.R. Mélida en 1914, realizó un estudio sobre este monumento considerando que es uno de los más importantes monumentos megalíticos de España haciendo constar que fue dinamitado en épocas anteriores, tal vez con objeto de aprovechar las piedras en otras construcciones (2). A este autor se debe que el dolmen de Lácara fuera declarado Monumento Nacional en 1931 al mismo tiempo que lo fue la Alcazaba de Mérida.

    Aunque conocido y mencionado posteriormente por otros autores, las excavaciones más importantes en el monumento fueron llevadas a cabo por Martín Almagro entre 1956 y 1958 (3). En estas intervenciones se documentó la estructura de la construcción, se procedió a la limpieza del corredor y cámara y se recogieron y catalogaron restos muy fragmentados de antiguos ajuares funerarios, restos óseos, cerámicas, adornos y más de un centenar de puntas de flecha, pudiendo comprobar que el monumento sufrió intencionadas destrucciones en más de una ocasión. Recientemente se procedió a la consolidación y limpieza del entorno del monumento dentro de una actuación de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura en el año 2011.

    Este dibujo a lápiz pretende dar una imagen de lo que debió ser el dolmen después de su terminación. Su construcción debió requerir un gran esfuerzo por parte de aquellas gentes debido al tamaño de las piezas que lo componen, aunque no por falta de material, ya que en el entorno se encuentran grandes piedras de las que fácilmente pudieron obtenerse las piezas para su construcción. Estas podrían haber sido seleccionadas tal cual fueron encontradas, o bien talladas o fragmentadas in situ, practicando agujeros en la roca en los que se insertan cuñas de madera que, mojadas, se dilatan provocando así el corte de la piedra, como pudimos apreciar en alguna de las losas del corredor o como recordamos haber visto en otras construcciones megalíticas (p.ej. Mamoa Casota do Páramo en el Barbanza).

    Evidentemente el dibujo que se muestra nunca debió tener ese aspecto ya que se supone que la colocación de la tapa de la cámara debió realizarse cuando parte del monumento estaría ya cubierto de tierra para formar el túmulo facilitando así el arrastre de la losa por una pendiente de tierra compactada. Este dibujo está basado en las fotografías que obtuvimos cuando visitamos este lugar (Ver las imágenes). Restos de la tierra del túmulo, removidos por la erosión, suelen quedar amontonados en los alrededores, como ocurre en otros que hemos visitado (Dombate en Cabana de Bergantiños, Cova da Moura en Noia y Casota do Páramo en el Barbanza, Mámoas del Barbanza). En el caso del dolmen de Lácara, quedan aun restos del anillo perimetral de piedras que pudieron servir de contrafuerte para mantener la tierra del túmulo en su lugar.

Referencias citadas

·         (1) Barrantes,V. (1875) Aparato bibliográfico para la Historia de Extremadura, (Madrid: Estab. Tip. de Pedro Núñez, 1875-1877), 3 vols., reimpreso en Badajoz: Institución Pedro de Valencia, 1977 y reeditado con las notas de Barrantes a su ejemplar en Mérida, 1999.

·         (2) Mélida,J.R. (1914) Arquitectura dolménica ibérica. Dólmenes de la provincia de Badajoz. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Págs. 9-13.

·         (3) Almagro.M. (1959) Excavaciones en el sepulcro de corredor megalítico de Lácara, Mérida (Badajoz). Revista de Estudios Extremeños.Mayo-Agosto. Págs. 249-314.